lunes, 2 de enero de 2017

Los momentos de nuestra vida

Me levanto de la cama. Va a amanecer. Pongo mi música nada más levantarme, desayuno, me visto mi ropa de deporte y salgo a correr. Me acerco al parque que hay cerca de mi casa. Un lugar mágico, al lado del río y del puente. Son las 07.30 y empieza a salir los primeros rayos de sol. Después de calentar unos minutos, empiezo a dar zancadas más grandes, con un trote moderado. Mientras, siento como el viento frío del invierno acaricia mi cara, se enreda con mi pelo, y mi piel protesta ante esa sensación, recorriendo por toda mi espalda un escalofrío, que levanta mi vello involuntariamente. Y de repente suena mi canción favorita. Una canción con la que me motivo para salir a correr, para cuando voy al gimnasio, a la biblioteca, sobre todo en esos días en los que a veces la apatía se adueña de tu vida... Gracias a esa canción,a mis ganas de luchar y mi fuerza de voluntad diaria, consigo levantarme cada día para luchar por un sueño. Cuando me cuesta hacer algo, intento pensar en que hay que vivir el momento. Los momentos se van, volviéndose rápidamente en recuerdos pasados, en algo que jamás volverás a recuperar. Aunque sean momentos que no te gusten demasiado, ya que puede ser que no impliquen ocio, sino más bien esfuerzo, sacrificio y trabajo, también se deben valorar, pues nos hace crecer como personas en nuestro día a día. Sin duda alguna, los que realmente hay que saber disfrutar son los momentos de placer. Segundo a segundo. Sin desperdiciar nada, ni dejar la atención a otras cosas. Ser consciente plenamente de ese momento. Mis momentos de placer son increíbles, pueden ser desde salir a correr, saborear mi comida favorita a cada trozo de como, ver una película de miedo, besar al amor de mi vida, acariciarlo y abrazarlo, hacer música y cantar, leer novelas policíacas (son mi género favorito), incluso estudiar mi oposición, ya que aguarda un sueño aún mayor detrás de tanta ley. Tan solo creo que el "carpe diem" va en las cosas pequeñas del día a día. Pero creo que la sociedad no está hecha para que podamos apreciar esos míseros detalles, al contrario. La gente camina de un lado a otro, van en coche con prisas y el estrés es su gran enemigo diario. Yo me considero afortunada de ser una persona tan sensible a este tipo de cosas, de poder atender plenamente a la vida, a ser consciente y disfrutar del olor de la lluvia, del calor de una chimenea, del cariño y amor que otra persona te da y es correspondido, segundo a segundo. Seamos conscientes todo el tiempo que podamos de nuestra vida. La vida pasa y no nos damos cuenta. Y cuando ya empiezan los signos de la vejez a ser más evidentes, habrán pasado quizás 40 años, viviendo el día a día como un día más, acumulando días "innecesarios", insignificantes, a tus recuerdos... Pero nunca es tarde para vivir.

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