jueves, 12 de enero de 2017

El instante

Un atardecer, al lado del rio Gualdalquivir... Una brisa fresca, típica del invierno, que eriza el vello de mis brazos y acaricia mi cabello. Mientras, escucho los pájaros cantar, una pareja besándose, una familia feliz con sus hijos, el cielo despejado con alguna nube, de color amarillento o anaranjado, propia estampa de un atardecer hermoso. Y veo la gente pasar, indiferente a la belleza del paisaje, del momento que nos está ofreciendo ese atardecer, en ese mismo instante. A veces me pregunto, de qué sirve vivir día tras día, sino nos paramos a ser conscientes de nuestra propia vida. Estamos siempre pensando en lo que tenemos que hacer a cada minuto de nuestro día. Es muy importante ser consciente del mundo físico en el que vivimos, ser consciente de lo que sentimos en cada momento, tomarnos un tiempo y mirar alrededor, lo que hay, lo que sentimos hacia el mundo exterior, por cada estímulo que pasa por nuestra visión, o sentimos por el tacto, o los distintos olores que a veces un pequeño instante nos ofrece, y nos transporta a nuestros más profundos recuerdos de nuestra niñez. Sin embargo, el mundo no está hecho para gente tan sensible. Está todo muy organizado, para cuando tengas un rato libre, sólo tengas ganas de ponerte la televisión, y no pensar en nada más. ¿De qué sirve vivir siempre mirando hacia el futuro? Hay que vivir el presente segundo a segundo, y por supuesto, poder planificar tus metas y objetivos. Pero es fundamental hacerlo a la vez. Soy afortunada de pensar distinto, y estoy segura de que hay personas que son como yo, que piensan que... Si no son conscientes de su propia vida, de sus propias emociones, y de lo que sienten gracias a sus sentidos, realmente no están viviendo para ellos mismos. Viven para otros, viven para la sociedad. ¿Para qué sirve vivir absolutamente toda la vida planificando un futuro? ¡Gracias por leerme!